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SOCIEDAD
Rufino Cimadevilla, “Rulo de Tiñana”, recibió la Medalla de la Virgen de La Cabeza
Las fiestas de la Virgen de la Cabeza, en Meres, finalizaron el martes 30 de mayo. A las 18 horas se celebró la Santa Misa por socios y vecinos fallecidos y se impuso a Rufino Cimadevilla, “Rulo de Tiñana”, la medalla de la Virgen de la Cabeza. Además, el grupo seis conceyos realizó los juegos tradicionales en el prado de la fiesta y a las 19 horas se inició el reparto del bollo y la botella de sidra. El colofón final fueron los fuegos artificiales.
La misa fue oficiada por el párroco, Manuel Alonso, que en su homilía aseguró que la capilla hace siglos formaba parte de un templo mayor, dedicado a San Juan del Obispo, y la capilla son los restos que han llegado hasta nuestros días. Alonso recordó que la Virgen de la Cabeza nunca está sola, ya que son muchos los peregrinos que se acercan hasta allí para rezar o pasear. “Vengo muchas veces en bicicleta desde Oviedo y siempre hay gente aquí devota a la Virgen”, afirmó.
El sacerdote también habló del homenajeado, Rufino Cimadevilla, del cual destacó su gran labor desinteresada por su parroquia hecha de manera humilde, silenciosa y sin buscar ningún tipo de reconocimiento por ello. Al finalizar la misa se le impuso la Medalla.
“Para mí es un honor muy grande recibir esta medalla, porque yo nací aquí mismo, en la casa que se encontraba en el prado de la fiesta, de la que sólo queda el hórreo. La Santina y yo nos criamos juntos y si no vengo yo pregunta por qué no la vine a ver y tengo la obligación de venir, aunque no esté bueno. Siempre colaboré con la capilla, esto ahora está nuevo, pero antes estaba deteriorado y trabajamos muchos aquí, fuimos muchos vecinos los que ayudamos”, afirmó.
Cimadevilla nació en la casa que se encontraba en el mismo prado de la fiesta hace 85 años, acudió a las escuelas de Meres y las de Tiñana, es carpintero y ebanista, tenía un taller en su propio domicilio y trabajó en la Cooperativa de Asturias de Arte y Decoración, durante 30 años, donde se jubiló. Está casado con Carmen Braña y tiene tres hijos: Alejandro, Roberto y Ana, cuatro nietos y una biznieta. “Me dedico a compartir momento alrededor de una sidra con los vecinos y sobre todo a cuidar de todos y disfrutar”, afirmó.
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