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SIERO

CARTA AL DIRECTOR

A propósito de la invasión africana de Ceuta

Miercoles 12 de Agosto del 2026 a las 10:50



Una tierra superpoblada enfrentará escasez de recursos esenciales como agua y alimentos, degradación ambiental severa (deforestación, contaminación, desertifi-cación), un cambio climático acelerado con aumento de temperaturas y niveles del mar, un incremento en la propagación de enfermedades y una mayor probabilidad de conflictos sociales y picos de pobreza, lo que en última instancia podría ame-nazar la viabilidad de la vida en el planeta tal como la conocemos: es decir, esca-sez de recursos vitales como agua y alimentos, lo que llevaría a la extinción de algunas especies. Además, con dicho aumento de la pobreza llegaría un gran desempleo, acompañado de una ola de delincuencia y conflictos. Al estar la po-blación demasiado concentrada en ciertas áreas, no solo dichas enfermedades aumentarían, sino que llegarían las pandemias. La contaminación, la escasez de recursos y los cambios en el medio ambiente facilitan la propagación de enferme-dades infecciosas como la tuberculosis, malaria, dengue y cólera, así como pro-blemas de salud por la contaminación del aire, agua y suelo, que generan dolen-cias respiratorias, cardiovasculares y diversas infecciones gastrointestinales.

Nos asustamos ahora de la entrada en España (en general en Europa) de huma-nos anatómicamente modernos, pero es ocurrió regularmente desde hace unos dos millones de años, como explicaré más abajo. Hubo numerosas y continuas migraciones de del género Homo desde el continente africano, tanto del norte, como de Sudáfrica y del enorme Valle del Rift (zona del Congo, Tanzania, Uganda, Mozambique...). Grandes avalanchas como las de hace 1,9 ± 1,8 millones de años (Homo ergaster o erectus, posteriores a los Homo habilis); la de hace ± 800.000, principalmente de Homo antecessor, que dejó su huella en la Gran Dolina de Ata-puerca, Burgos (hasta aquí industria de piedra olduvayense de Modo 1) o la nues-tra, la de los humanos anatómicamente modernos, los Homo sapiens de hace unos 190.000 ± 180.000 años, con una industria lítica con características toda-vía achelenses e innovaciones Levallois (Modos 2 y 3). Pero hubo otras muchas salidas de África de menor entidad: en realidad, un continuo goteo como ocurre ahora. Si echamos la vista atrás podremos comprobar que estos flujos de África existieron siempre (incluso desde Centro Europa a la Península). Y no solo eso, sino que se extendieron por Eurasia, como es el caso de nuestra especie, los sa-piens, que subió por Israel, a través del llamado corredor levantino. Hacia el 15.000 ± 14.000 ya habían cruzado el Estrecho de Bering, entrando en lo que hoy es Canadá. Y no solo eso, descendieron por todo el continente americano y se fueron comiendo la megafauna que encontraron (que no tenía desarrollado el instinto de huida, pues nunca se había encontrado con humanos modernos). Ha-cia el 12.000 habían llegado a la Patagonia. Así que más vale que no nos asus-temos fenómenos migratorios como esta actual invasión de Marruecos en Ceuta, pues caso como ese fueron una constante al largo de gran parte del Paleolítico. 

Estos Homo que migraron en esas tres grandes avalanchas (y en un flujo continuo intermedio) con el transcurso de los miles de años fueron adaptando su piel a los distintos climas para poder desenvolverse mejor en el medio en el que tenían que sobrevivir. No confundamos los rasgos fenotípicos (por ejemplo, un chino), que son producto de mutaciones, con los distintos colores de la piel, que son produc-to de una adaptación mayor o menor al medio ambiente, de la alimentación y de otros factores (además, hoy se considera que ya no existen razas puras como ta-les debido al gran flujo genético y consiguiente mestizaje). Estos especímenes homínidos siempre fueron abandonando el continente africano debido a las con-diciones adversas que encontraron como consecuencia del periodo glaciar Cua-ternario y en especiales de las glaciaciones Günz, Mindel, Riss y la más reciente Würm, que propiciaron cambios importantes en los ecosistemas. Algo parecido a lo que ahora ocurre: escasos recursos, precariedad alimentaria, falta de futuro y búsqueda de territorios donde vivir mejor... Porque, a grandes rasgos, por ejem-plo, zonas de sabana se desertizaron y otras boscosas pasaron a ser semi pára-mos. Por lo tanto, a todos estos elementos de la tribu Hominini no les quedó más remedio que emigrar, como lo están haciendo ahora los marroquíes y subsaharia-nos. Ya que, además, en la actualidad, los grandes recursos minerales de África se han expoliado: solo quedan migajas. Por lo tanto, la gente vive en la pobreza, pe-ro tiene móviles y televisores: ve que en Europa se vive mejor. Por lo tanto, se aventuran a nuevos y penosos éxodos como lo hicieron sus antepasados por mo-tivos similares en el fondo. Además, África es el continente que está experimen-tando un crecimiento poblacional más rápido y que albergará la mayor parte de la población mundial joven en el futuro. Para 2050, se espera que casi la mitad de los niños del mundo sean africanos, lo que supondrá un aumento significativo de su población. Este fenómeno implica un cambio demográfico global, con un enve-jecimiento de la población en Europa y un crecimiento poblacional en otros conti-nentes, especialmente del africano. Así que cuando la población de la Tierra se multiplique de tal forma en ciertas áreas (con conflictos, pandemias y falta de tra-bajo) ya nos podemos olvidar de la idea de refugiarnos en África (de nuevo, pues como ya dije, de ahí salimos los humanos anatómicamente modernos), porque allí también habrá exceso de población sin recursos que explotar y en la selva solo vivía Tarzán en las películas. Así que cuando las ciudades se vuelvan insoporta-bles, habrá que poblar los espacios que quedan libres en el campo, lo que ahora se llama la España vaciada. Los Homo sapiens ya pasaron por eso hace 45.000 ± 40.000 años, cuando algunas poblaciones de humanos modernos que se expan-dieron por Eurasia no se adaptaron al medio ambiente y comenzaron a regresar al norte de África, huyendo de las condiciones climáticas de extrema dureza que atravesaba el continente europeo, sumido en un periodo de glaciación. Pero, co-mo digo, si se presenta de nuevo una situación parecida, que llegará con los mi-les de años, pues estamos en los estertores de una nueva glaciación), los Homo sapiens enlatados como sardinas no podremos volver a África, porque allí tam-bién habrá superpoblación. Y en las sabanas y en las selvas no se sobrevive, pues en esas zonas (muy bucólicas para el cine) los sapiens solo se enfrentaríamos a la miseria que ahora tiene África, a falta de medios de vida, a inmensos peligros y enfermedades desconocidas y otras múltiples penurias.

La toma de Ceuta por 70.000 personas fue un acto de guerra híbrida y de la vul-neración de la soberanía nacional. Pero nada que no hubiera ocurrido antes ya desde casi 2.000 años antes y de forma violenta, en muchos casos depredando las especies que hallaban a su paso. Así que, desde un punto de vista humanísti-co y antropológico, es inútil que nos escandalicemos tanto por unos hechos que vienen sucediéndose regularmente desde una parte del Paleolítico y que nadie quiere recordar porque esas cosas no interesa evocarlas y porque solo están en los libros de prehistoria y antropología. Y, llegados a este punto, convendría ha-cer un pequeño compendio de lo que ocurrió en realidad para tener las cosas aún más claras y comprender lo que nos espera en el futuro, porque si bien es cierto que la Historia se repite, la Prehistoria también...

Tras la reconstrucción genética de la tercera salida de África, la de Homo sapiens (190.000 ± 180.000 años) se pudo concluir que unos diez mil hombres (ya con la anatomía actual) salieron de África por Egipto, Suez y Oriente Próximo. O bien a través de los antiguos corredores húmedos, grandes canales fluviales ahora desecados, que eran ríos que cruzaron el Sahara en Libia y que fluían desde la cuenca central sahariana en dirección norte, hasta el Mediterráneo. En realidad, se barajan cuatro rutas principales, aunque unas más fidedignas que otras: el pasillo levantino (Israel), los corredores húmedos del Sahara, el canal de Sicilia y el estrecho de Gibraltar. El pasadizo levantino comprende la franja de territorio situada entre el mar Mediterráneo y las zonas hoy día desérticas de Israel (Néguev), Jordania y Siria. Las evidencias más antiguas sobre la presencia de ho-mininos en esta vía levantina datan en Israel de ± 1,5 millones de años (yaci-miento de Ubeidiya), si bien también dejaron allí algún rastro de los Homo erec-tus (ergaster) que habían salido antes (hace 1,8 ± 1,7 millones de años) del Gran Valle del Rift africano: la enorme depresión por debajo de Etiopía (y de Sudáfrica). Es la ruta más probable, surcando la Península del Sinaí. Pero en la actualidad una buena parte de los europeos anatómicamente modernos (Homo sapiens sa-piens) no procedemos de esa tercera oleada africana de los 190.00 ± 180.000, sino que de otras más tardías: una de hace ± 20.000 años, procedente de Orien-te Próximo, que trajo las figuras de venus prehistóricas, el arpón y la aguja de coser (cultura gravetiense). El 30% de los europeos descendemos de ellos y el 20% restante tenemos carga genética de la oleada que entró hace ± 10.000 años desde Oriente Medio, extendiéndose por el Mediterráneo, de este a oeste. Se trataba de los pueblos neolíticos que traían la agricultura del trigo, la cebada, el guisante y el lino y los primeros agrupamientos poblacionales. Pero retomemos el proceso de las migraciones más importantes: tras la de erectus de hace 1,8 ± 1,7 crones del Valle del Rift, hace ± 800.000 años saló de esa zona también otra especie con rasgos preneandertales. Se trataba del Homo antecessor, que dejó sus vestigios en Israel, Marruecos y Atapuerca, en este último yacimiento, junto con otras 5 especies más. Eran negros, pero las condiciones climáticas los volvie-ron blancos o cobrizos: en la concepción antigua (y que todavía se usa en antro-pología forense) de blancos o caucásicos, amarillos o mongólicos y rojos o ame-rindios. (Casi todos los negros americanos que hoy conocemos son producto de expediciones esclavistas o de migraciones recientes). En definitiva, que tras la dos grandes salidas de ergaster y antecessor llegó la nuestra, la de los humanos modernos, la de los Homo sapiens, en ráfagas (como ahora en Ceuta) desde el 190.000 ± 180.000 y ya sin tregua, desparramándose por Eurasia, América y bajando, incluso (no se sabe cómo) a Australia (± 60.000). ¿Y cómo fue su evolu-ción en Asturias? Trataremos de explicarlo de forma sencilla, aunque es difícil huir de los números, porque siempre es imprescindible centrar la cronología. Si-guiendo el clado de Homo heidelbergensis (por ejemplo, yacimiento de Cabo Bus-to, Valdés, ± 400. 000 años), diferentes mutaciones e hibridaciones, dieron lugar a la especie neandertal, al Homo neanderthalensis (que dejando su huella en ya-cimientos importantes: el citado de Cabo Busto y el de El Sidrón, Villaviciosa). Los neandertales se encontraron con los sapiens y copularon. Después se extin-guieron (los últimos fueron los de Gibraltar: ± 35.000 a.C. Se dice que ‘desapa-recieron’, pero seguimos teniendo entre un 1 y un 4% de su genoma. Tras anali-zar un genoma completo neandertal en Estados Unidos hoy se sabe que los neandertales copularon más con las hembras sapiens (con las que se encontraron en el espacio-tiempo) que con las suyas y, como consecuencia de esa deriva ge-nética, fueron poco perdiendo sus alelos.

Y, ya para ir terminando, aparte de mezclamos con las dos corrientes, descritas más arriba, una de Oriente Próximo hace ± 20.000 años y otra de Oriente Medio, hace ± 10.000 años (y otras de un flujo que nunca se detuvo), para complicar más las cosas, otras mutaciones dieron origen (hace ± 30.000 años) a una nueva variante sapiens, el Hombre de Cro-Magnon, los llamados popularmente croma-ñones, que no coincidieron en el tiempo con los neandertales y en Asturias die-ron origen al arte mural y mueble conocido como magdaleniense (± 16.000 a.C.). Por lo tanto, en Asturias, más que celtas (hubo una gran mezcla con pueblos del norte de Europa después del siglo V a.C.  y no hay celtas puros: otro día habla-remos de ello) quizás seamos más cromañones que celtas...

En cuanto a los aborígenes canarios, los estudios de ADN antiguo y genoma completo confirman que los pobladores prehispánicos de las islas procedían del norte de África y están emparentados directamente con los pueblos bereberes

 (imazighen). Aunque algunos de estos antiguos colonizadores presentaban ras-gos físicos que se asociaban con tipos como el cromañón (de ahí el término cro-mañoides), esta clasificación se basaba en características físicas, no en una única línea de descendencia ni en un vínculo directo con el hombre de Cromañón euro-peo. Estos guanches llegaron a las Islas Canarias entre el siglo I y el III d.C., lo que significa que hace aproximadamente 1.800 a ± 2.000 años de su salida de África.

Y, para terminar, decir que el origen de la población de Mallorca (Homo sa-piens) se sitúa hace 4.000 ± 3000 años con la llegada de colonos procedentes de la costa levantina de la Península Ibérica o del sur de Francia. Estudios genéti-cos confirman que estos primeros pobladores tenían una conexión con grupos de pastores de las estepas de Europa del Este. A lo largo de los siglos, la isla expe-rimentó sucesivas influencias y conquistas, como la romana, la musulmana y fi-nalmente la conquista de Jaime I en 1229, que estableció un dominio cristiano catalán que ha perdurado hasta hoy. Buenos días y buena suerte en el día de Gracia de Nuestro Señor Jesucristo de 12 de agosto de 2026 Post Christum Na-tum ¡Gracias por soportarme y que la energía etérea que nos va a proporcionar el eclipse de hoy nos ayude a comprender estos movimientos migratorios, pues van a seguir produciéndose y pueden llegar a ser incluso mayores!.

El Tapín

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