SIERO

CULTURA

Se presenta en Pola de Siero el libro "No era imposible. Crónica del conflicto laboral en Duro Felguera 1989-1999", el 10 de febrero

Sábado 07 de Febrero del 2026 a las 13:10



El escritor, Alejandro Álvarez López, presentará el día 10 de febrero, a las 19:30 horas, en el salón de actos de la Casa de Cultura de Pola de Siero, el libro "No era imposible. Crónica del conflicto laboral en Duro Felguera 1989-1999", que narra el conflicto de Duro Felguera en la última década del pasado siglo. En el acto estará acompañado de Gerardo Iglesias Campa, uno de los protagonistas de aquel conflicto.

El libro relata con viveza, amenidad y rigor el largo e intenso enfrentamiento de los trabajadores frente a la empresa por el despido de 232 empleados de la misma en los años noventa del pasado siglo, planteando una resistencia sin desmayo, desde 1993 hasta 1999 y logrando el triunfo de sus reivindicaciones al alcanzar una solución para los 232 despedidos, una lucha y una victoria que no tiene parangón en los últimas décadas ni en Asturias ni en España.

Según al autor, aunque el eje narrativo del texto gira en torno a la lucha de los trabajadores para recuperar sus puestos de trabajo, con cientos de acciones, momentos de gran intensidad e intriga sobre el camino que seguirá el conflicto en determinados momentos, en el libro también se abordan otros planos directamente relacionados con el conflicto. En este sentido, Alejandro Álvarez destaca “el interés del plano político, pues los trabajadores involucraron, frente a lo que este pretendía inicialmente, al Gobierno regional, obligándole a ser parte de la solución”. El autor también señala el enorme interés del punto de vista sindical, pues el conflicto supuso enfrentamientos intersindicales e intrasindicales de gran intensidad en algunos momentos, así como el plano humano, dado el alto grado de sufrimiento personal que el conflicto implicó para los trabajadores en lucha, que tuvieron que soportar una huelga de hambre de 52 días, un encierro de 318 en la torre de la Catedral de Oviedo, un encierro de 75 días en al Ayuntamiento de Langreo y cientos de acciones hasta conseguir sus objetivos. “Y no deja de ser interesante, dice Alejandro Álvarez, el aspecto mediático, pues este ha sido uno de los conflictos con mayor presencia en los medios, ya que empresa y trabajadores usaron los medios de comunicación como espacios de la confrontación”.

Este enfrentamiento, dice Alejandro Álvarez, es un ejemplo de lucha exitosa para los trabajadores al conseguir una salida para cada uno de los 232 despedidos, algo que nadie, salvo ellos mismos, creía posible en las primeras fases del conflicto, un triunfo indudable frente a la empresa y la Administración e incluso frente a las direcciones sindicales, demostrando que, como dice el título del libro, “No era imposible”. Las claves del éxito, en opinión del autor, fueron varias: el planteamiento de la lucha como prueba de resistencia durante años, sin desmayo; la unidad de la mayoría del colectivo en la lucha contra la empresa, la Administración o, incluso, las direcciones sindicales; la capacidad de generar, mediante múltiples acciones, una presión sobre la empresa y sobre el poder político que les obligaba a responder con ofertas cada vez más cercanas a sus reivindicaciones hasta lograr el objetivo de solución para los 232; el apoyo social en la cuenca del Nalón y en Asturias; la lucha continua del Colectivo de Mujeres, verdadera “mosca cojonera” ante la empresa y la Administración; la inteligencia en el planteamiento de la lucha, dirigida por un grupo compacto, y la habilidad en el manejo del mensaje en los medios frente a los de la empresa y Gobierno regional.

El libro de Alejandro Álvarez recoge la larga trayectoria del conflicto, que, tras varios años de enfrentamientos, explota en febrero-marzo del 93 con la presentación de los expedientes de despidos de 83 trabajadores de F. Melt y 149 de F. Construcciones Mecánicas, unos expedientes que fueron denegados por la Dirección Provincial de Trabajo en mayo pero aprobados en agosto del 93 por la Dirección General del Ministerio de Trabajo.

A partir de entonces se inician las acciones reivindicativas más duras, con sabotajes en diversos ámbitos, concentraciones, huelgas, manifestaciones, marchas a pie a Oviedo o en bicicleta a Madrid y una larga lucha de resistencia para revertir los despidos, que se hacen efectivos en septiembre del 93, aunque los despedidos no aceptan la resolución y continúan yendo a las fábricas e incrementando las acciones de protesta, una lucha en la que cuentan con el inestimable apoyo del muy activo Colectivo de Mujeres de Duro y de buena parte de la sociedad langreana y asturiana. Pero en noviembre del 93 cientos de policías toman Langreo e impiden a los despedidos acceder a las factorías. En ese mes, la empresa y Administración hacen una oferta de aceptación individual, no negociada, con la intención de introducir división en el colectivo en lucha pero es rechazada por la inmensa mayoría de los despedidos.

En enero del 94 los trabajadores no despedidos están en huelga en solidaridad con los despedidos y se niegan a desmontar la maquinaria del taller de Barros que ordena la empresa, pero el día 10 una parte de los huelguistas (la mayoría de UGT, que apoya totalmente la medida) rompe la huelga y se queda en el taller para no recibir a la entrada y a la salida el reproche de los despedidos y los que mantienen la huelga. Ante la situación, los despedidos deciden poner en marcha el 14 de enero una huelga de hambre de 5 trabajadores en el salón de plenos del Ayuntamiento de Langreo: 4 despedidos y uno activo.

La huelga de hambre se prolonga, los peligros para la salud de los huelguistas se hacen cada día más evidentes y el 28 febrero del 94 Duro Felguera, el Gobierno regional y UGT y CCOO llegan a un preacuerdo que debe ser refrendado por los trabajadores. Los afiliados de CCOO lo rechazan de forma casi unánime el 3 de marzo porque no responde a sus exigencias. Los de UGT votan el día 9 en dos mesas distintas (activos/despedidos) con resultados dispares. El preacuerdo no se firma. La huelga de hambre sigue con grave riesgo para la salud de los huelguistas. Cuando llevan cerca de 50 días, 55 curas piden al arzobispo que intervenga. Este media y el consejero acepta abrir una mesa de negociación en la que participen los representantes del colectivo de despedidos. El 6 de marzo, tras 52 días, se pone fin a la huelga de hambre.

Entre marzo-junio del 94 la mesa de negociación no avanza por las trabas que pone Javier Ruiz-Ogarrio, presidente del consejo de administración de Duro Felguera, pero los trabajadores siguen su lucha de resistencia y presión y en junio se ve obligado a dimitir, siendo sustituido por Ramón Colao. A partir de entonces, este, consciente de que tiene que llegar a acuerdos porque el conflicto está desgastando muy seriamente a la empresa, cambia el enfoque y las negociaciones avanzan a buen ritmo, con la presencia los representantes de los despedidos, de los sindicatos, de la Administración y de la empresa. Y el día 2 de noviembre se firma un acuerdo que supone la cobertura paras los 232: readmisiones en Duro, 40 recolocaciones por el Gobierno regional, prejubilaciones e incapacidades. Hay dos años de plazo para cumplir lo acordado. En julio del 95 está casi todo solucionado salvo las recolocaciones que corresponden al Gobierno regional.

Ese año entra en el Gobierno Asturiano Sergio Marqués, del PP, una fuerza política distinta a la que firmó el acuerdo para recolocar los 40. Las negociaciones se estancan y, llegado noviembre del 96, cuando el plazo para las recolocaciones se acaba, se reinician las acciones de protesta para exigir la recolocación de los 39 (1 ha sido colocado el año anterior), lo que dará lugar al reinicio de acciones variadas de protesta, nuevos sabotajes y un encierro en la torre de la Catedral que comienza el 23 de diciembre de ese año y que se prolongará durante 318 días, hasta que el 5 de noviembre del 97 se llega a un acuerdo entre CCOO y el Gobierno regional para la recolocación en Hunosa.

Cuando solo quedaban por recolocar 5, rechazados por el reconocimiento médico para su entrada en Hunosa, aún tomaron en mayo del 99 otra medida de presión y resistencia: un encierro de 75 días en el ayuntamiento de Langreo, logrando una respuesta positiva a sus demandas.

Se cierra así uno de los conflictos más largos del movimiento obrero español e incluso europeo en las últimas décadas, un dilatado combate de estos trabajadores para recuperar sus empleos que constituye un ejemplo de lucha en la defensa de los derechos laborales y los puestos de trabajo. Para lograr el triunfo han tenido sus mejores armas en la unidad entre ellos, el funcionamiento democrático y la participación en la toma de decisiones sobre lo que les afectaba, su lucha incesante y sacrificada, la inteligencia en los planteamientos tácticos y estratégicos, la capacidad de tejer apoyos en el conjunto social y no dar la batalla nunca por perdida.

El Tapín

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