SIERO

CARTA AL DIRECTOR

La guerra silenciada

Publicado el Miercoles 24 de Noviembre del 2021


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Es obvio que las preocupaciones de los gobiernos europeos y de otras latitudes del mundo, junto con los medios de comunicación dominantes, no están interesados en informar, no solo de lo que pasa entre Marruecos y el Frente Polisario en tanto que representante del Pueblo Saharaui, sino de las causas que provocan esta situación derivados de una mala descolonización por parte de España y la ambición territorial de Marruecos, pretendiendo a la vez derivar sus propios problemas internos a causas externas, desviando así la atención de una sociedad con enormes problemas de desempleo, pobreza extrema y falta de libertades, viéndose obligada a emigrar de cualquier forma que se les presente jugándose incluso la vida en su intención de llegar a Europa por la forma que sea, encontrando muchos de ellos la muerte en la ya considerada mayor fosa común del mundo que es el Mar Mediterráneo.

Marruecos es un Estado parapolicial donde cualquier foco de protesta es violentamente reprimido, mientras la inmensa mayoría de fuerzas políticas giran en torno a los intereses de una monarquía despótica, cruel y sanguinaria a cambio de implantar una fuerte corrupción en los aparatos del Estado y Cuerpos de Seguridad.

Se ha cumplido ya un año desde que el ejército marroquí atacara a civiles saharauis en la zona del Guerguerat, que trataban de impedir el paso de camiones con destino a Mauritania cargados de mercancías esquilmadas en el territorio ocupado del Sáhara Occidental, violando a su vez toda norma internacional.

Más allá de este incidente, la inoperatividad de la Misión de Naciones Unidas (MINURSO) allí desplazadas, cuando no la connivencia con los ocupantes marroquíes, es una evidencia que contribuye a que lo que pasó en Guerguerat y como consecuencia, la chispa del inicio de un nuevo conflicto que aun con ser de baja intensidad, debiera ser una preocupación de los países que venden armas a Marruecos mientras se dicen defender la PAZ.

Se han cumplido ya 30 años desde que las dos partes en conflicto firmaran lo que se dio en llamar “Plan de Paz”, en el que se recogían las condiciones para la celebración de un referéndum de autodeterminación y que desde entonces Marruecos ha boicoteado con la connivencia de los organismos internacionales ONU, Unión Europea, etc. En este segundo caso, por intereses económicos haciéndolos primar sobre los Derechos Humanos de los que tanto cacareamos.

La solución “justa” que dicen las potencias occidentales pedir, no es otra que el ejército y la administración marroquí se vayan de los territorios ocupados, toda vez que la ocupación no ha sido reconocida por los Tribunales Internacionales. De esto deriva, que el llamamiento paralelo de algunos países entre ellos España a lograr un acuerdo “mutuo” no tenga razón de ser, toda vez que Marruecos no quiere irse y el Frente Polisario quiere que se vayan. La salida es aplicar las Resoluciones de naciones Unidas y del Tribunal de Justicia de La haya y dejarse de pamplinas.

Mientras, la población civil saharaui en los territorios ocupados sufre la violación sistemática por parte de los aparatos del estado ocupante. Palizas, detenciones arbitrarias, juicios sumarísimos sin garantías, desapariciones, etc.

Los saharauis refugiados en Argelia también padecen de las condiciones del exilio forzado, ya que tienen que depender de la solidaridad internacional mermada por falta de recursos suficientes y desinterés por finiquitar un problema del que nuestro país no puede ser ajeno, toda vez que sigue siendo reconocido por la ONU como potencia administradora por mucho que desde las instancias de los gobiernos se niegue.

Mientras, la guerra de liberación ha vuelto a estallar. Una guerra sin duda de baja intensidad, pero no por ello deja de ser preocupante, toda vez que Francia, Israel y nuestro propio país siguen vendiendo armas a Marruecos.

¿Cuántos muertos ha de costar este conflicto para que reaccionemos con JUSTICIA y pongamos fin a la tropelía que sufre desde hace seis décadas el pueblo saharaui. O mejor dicho. Nuestros hermanos saharauis?

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